En la Serranía de Valencia, un territorio de montañas calizas y bosques mediterráneos, se desarrolla un modelo de encinar trufero donde la Tuber melanosporum encuentra su hábitat ideal. A través de la recuperación de bancales y la gestión forestal sostenible, este biotipo une producción, conservación y prevención de incendios.
El proyecto combina plantaciones de encinas micorrizadas, mejora del suelo y mantenimiento de la vegetación acompañante, creando un paisaje en mosaico más resiliente y productivo. Este equilibrio entre monte y cultivo refuerza la biodiversidad y el valor paisajístico del territorio.
Así, la trufa negra de La Serranía se convierte en símbolo de innovación rural, generando economía local, cuidando el bosque y manteniendo viva la identidad forestal del interior valenciano.